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Mi primera decepción universitaria

Algunas veces hablar para mí es difícil, quizás por eso me pasaron todas estas cosas. Cuando era niña siempre fui de las que destacaba en todo, recuerdo vagamente que cuando me iba mal en un examen me ponía a llorar sin parar. ¿Por qué desde tan pequeña sentí toda esta presión si nadie me exigía nada? Quizás fue por el sentimiento de no defraudar a nadie, me fijaba mucho de lo que los demás pensaban de mí.


Mi historia empezó cuando tenía 12 años y viví una depresión muy grande, tuve que ir al psiquiatra y tuve que asistir a terapia por el hecho de que no me sentía feliz de ir al colegio.


En la enseñanza media lo pasé mejor, aunque siempre con la presión de entrar a la universidad. Necesitaba que mis padres se sintieran orgullosos de mí, así que elegí por una carrera que tenía buen estatus social, así es, arquitectura. Mi familia me apoyó y yo viví con la esperanza de entrar a la universidad. Cuando ví que mi solicitud había sido aceptada sentía una felicidad que era inexplicable, había cumplido con lo que me propuse después de todo. Me fui a vivir a otra ciudad en un departamento y claro, debía acostumbrarme a estar sola para luego asistir a la universidad. Creo que mi primera semana en la que estuve después de clases iba a llorar a mi cama, no me gustaba y no sabía cómo decirle a mi familia que me había equivocado, después de todo, ellos estaban ilusionados de que su hija estaba estudiando arquitectura.


Pasaba días sin comer bien y apenas dormía, pero era “normal”, después de todo, tenía que estar agradecida de que logré entrar a la universidad. Pero no, no era feliz, odiaba dibujar y apenas podía desarrollar la creatividad, pero lo peor de todo, es que mis compañeros eran mejores que yo. Ese fue el problema, había sido la mejor en el colegio y de repente me ví en la situación contraria, en ser una de las que no destacaba en la universidad. Me sentía sola y triste, amaba los fines de semana y odiaba cuando terminaba, recuerdo que antes de dormir miraba el techo y cerraba los ojos diciéndome “soporta un poco más, no podemos decepcionar a nadie”.


A mí siempre me gustó observar a las personas en silencio y pensaba por qué no puedo sentirme feliz con lo que estaba estudiando si hace 4 años se supone que ese era mi sueño. Pero hasta el día de hoy no encuentro respuesta. Lo peor de todo es que no era porque me iba mal en la universidad, sino porque algo dentro de mí decía que debía salir corriendo de ahí porque no era lo mío.


Bueno, después de un tiempo me salí de la carrera y tuve que asistir a sesiones psicológicas porque estaba con muchas heridas que debían cicatrizar y obviamente volver a tener una ilusión en alguna carrera ya que esa parte de mí había muerto, y quería dejar de llorar cada vez que me nombraban de arquitectura, porque me juzgaba a mí misma por no ser capaz de terminar un semestre.


Y con eso puedo decir de que es el comienzo de una etapa difícil.






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